Ahora soy yo quien necesita
"Qué paradojas acarrea la vida. Yo comencé a trabajar con sólo 14 años, porque mi padre perdió sus dos piernas, mi madre era analfabeta y mis cuatro hermanos demasiado bisoños para madurar en edad de jugar.
Me casé y tuve cuatro hijos, por los que he desgranado mis días para que nunca les faltase el aire que respiraban.
Hijos que me han dado nietos, sobre los que he dispendiado -con el mayor afecto- el tiempo y el dinero de mi jubilación.
El caso es que, a pesar de mis 83 años, me esfuerzo, ahora, en retener unas lágrimas -siquiera ellas son dueñas de su destino- al haber oído parlamentar a mi hijo, en una conversación telefónica con sus hermanos, sobre la "necesidad" de enviarme a un asilo -"un centro adecuado a tus necesidades, papá", así lo llama el muy ingenuo, impostando benevolencia-.
Y todo porque, ahora, !soy yo quien necesita ser alimentado, lavado, paseado y comprendido! Todo porque el cuerpo ya no me responde en la medida que lo hace la razón; al menos queda la cordura, que es lo único que me separa de la muerte.
A estas alturas y después de todo, miren ustedes, me reprocho el no haber aprendido a cuidar un poco de mí."