Brutal y repugnantemente incolora
“Jamal el Sharif, tiene 43 años y una bonita sonrisa con la que cada mañana me regala un buenos días.
Tiene un pequeño negocio de pistachos reciclados, como él lo llama. De las cáscaras que iba recogiendo por los bares (siempre pidiendo permiso) hacía unas barquitas cuyos diminutos tripulantes eran pequeños granos de arroz coloreados.
Me decía Jamal que lo bonito no era hacerlas, que lo hermoso era la sonrisa de la persona amada que se paraba a contemplarlas para al final llevarse una.
Eran sus “pateritas del alma”, como él cariñosamente las llamaba.
Tres días después del atentado no lo vi en su lugar de costumbre. Al volver a casa me preguntaron si sabía lo del “morico de la esquina”. Por lo visto, varios “seres humanos” lo golpearon y le destruyeron su pequeño negocio.
No creo que lo vuelva a ver. Quizá siga regalando ilusiones con sus pateritas del alma, y si es así, que Dios lo bendiga. La sinrazón siempre será brutal y repugnantemente incolora.”