Es fácil hacer feliz a alguna gente
“Mi amiga se llama Consuelo. Es una buena amiga. Un poco interesada, pero es buena mujer y me ofrece su amistad por una ridícula cantidad.
Siempre me recibe con una hermosa sonrisa y me pide un duro (ella quiere decir un euro pero no le sale la palabra). El dinero se lo gasta en café y tabaco. Yo le digo que fuma demasiado y enseguida me contesta que “sólo regular”. Su edad puede rondar los 80 años y la Navidad le viene bien porque le permiten pedir. No se lo impiden en el geriátrico.
Ella cree que se aprovecha de mi amistad, pero a mi me hace sentir bien. Soy importante para ella.
Es una mujer que tiene buen conformar. Cuando le doy una moneda de cincuenta céntimos me dice “es poquito”. yo le digo que no hay más y se conforma. Se vuelve a apoyar en el marco de la puerta y guarda el dinero. Cuando desaparezco sé que va al bar a comprar tabaco y al volver está con el “celtas” entre los amarillentos dedos y me sonríe.
En ocasiones hasta me besa la mano.
Es fácil hacer feliz a alguna gente. A mí, por ejemplo, me basta con su sonrisa”.