El error de darles carrera
"Tuve la dicha de tener cuatro hijos estupendos a los que eduqué con toda mi alma y dedicación para que fueran personas, en primer lugar, y a los que di una preparación académica acorde con mis tiempos y mis medios.
Los mayores emigraron de mi tierra en busca de trabajo y libertad, negados donde tuvimos la suerte y desgracia de nacer: el País Vasco. Aparte de su esfuerzo y sus másters,les compré las primeros trajes y zapatos para que se ganaran la vida.
Hoy malviven en ese Madrid de sol implacable, con un sueldo ridículo que les concede uno de esas edificios de cristal, con un horario de trabajo igual de implacable que el sol, pernoctan en un mísero apartamento abuhardillado que se lleva tres cuartas partes de sus emolumentos, se desplazan por el Metro abarrotado con su traje recién planchado por ellos mismos a las 7 de la mañana.
No son ambiciosos, pero tienen que ganarse la vida. Cada vez que voy a Madrid también a mí se me oscurece el día de ver cómo son explotados, de ver que no ganan lo suficiente para formar una familia, para adquirir un piso digno, para tener un momento para su afición favorita: escribir.
Me apena verlos convivir con esos lobos crueles que algún día los devorarán, pero quizá cometimos el error de darles carrera."